****
Se despertó y le pareció que hubiera dormido mil años. Los rayos de sol que entraban por su ventana, atenuados por los visillos, acariciaban su piel.
Se sintió animada, parecía que los días de fiebre habían desaparecido. Recordó a su madre y a su padre preocupados, pero ya estaba mejor, se sentía como si hubiera nacido de nuevo, y eso le llenaba de felicidad. El olor a pan horneado y café recién hecho despertó su apetito.
Al levantarse de la cama, se notó más ligera, como si volara, se miró en el espejo y se vió igual que siempre, ni siquiera había adelgazado, y eso que durante su enfermedad apenas si había probado bocado. Se acercó a la ventana, retiró los visillos...y allí estaba el mar, de un azul intenso como siempre... esperándola.
Adoraba darse un baño por la mañana temprano, cuando sólo estaba ella, el mar y el cielo. Cuando sólo ella formaba parte del paisaje.
En el jardín, vio a su madre cortando hortensias, y deseo abrazarla, pero tendría que esperar, de saberlo le hubiera prohibido el baño, pues aún estaba convaleciente.
Buscó su traje de baño, en su armario, y su albornoz... Salió de la habitación sin hacer ruido, pasó por delante de la habitación de su hermana, que dormía plácidamente, y le tiró un beso.
Bajó las escaleras despacio y al pasar por la cocina, oyó ruido de cacerolas y a Rosa hablar con el gato. Sonrió y se dirigió a la puerta. Abrió y asomó su cabeza sigilosa, mirando que no hubiera nadie, pero oyó pasos, se acercaba su madre y se escondió en la biblioteca.
Al verla pasar, escondida en la oscuridad, le pareció que estaba más delgada y que en su rostro había una sombra de tristeza. Con las hortensias en la mano, se dirigió a la cocina. Minutos después salió con las flores metidas en un jarron con agua. Fue al salón, las colocó sobre una mesa auxiliar y se dejo caer en el sofá. Cogió una fotografía, la acarició y se le llenaron los ojos de lagrimas.
Al verla en ese estado, se acercó a su madre y la rodeó con los brazos.
-Mamá, ¿por qué lloras? .
-Hoy hace un año que se nos fue, y cada día que pasa se me hace más insoportable- la voz de la madre sonó quebrada.
-Es verdad, cariño, pero hay que seguir adelante. Ella no quisiera verte tan triste...- oyó la voz de su padre a la espalda.
¿Qué pasaba? ¿Qué era lo que no entendía?
Miró la foto que sostenía su madre y vio...su propio rostro.
La angustia se apoderó de ella, y le vino a la mente aquel libro que leyó, en el que había personas que morían y su espíritu se quedaba en la tierra, inconsciente de su propia muerte.
Y no quiso pensar más.
Se dirigió hacía la puerta, atravesó el jardín, respiró profundamente y se llenó de la dulce fragancia de las flores y el olor a mar.
Bajó los cuatro escalones que la separaban de la playa y miró el mar, su mar, que allí estaba... aguardándola.
Se quitó el albornoz y acercándose al agua se fue metiendo poquito a poco, sintiendo como iba formando parte de ella y deseó... volver a nacer de nuevo.
Lola Polo