domingo, 19 de marzo de 2017

Noche de teatro

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Me encanta el teatro, para mí es un lujo poder asistir a una obra de teatro de vez en cuando, y si es en nuestro gran teatro Falla, el placer es doble. 

Cuando comienza la temporada de teatro, elegimos lo que queremos ver, según nuestras preferencias. Este viernes pasado veríamos "El padre", con Hector Alterio, de Florian Zeller.

Como compramos las entradas por internet, tres meses antes, para coger los mejores sitios, lo cierto es que ni me acordaba de qué trataba la obra, aunque sí debió de gustarme el tema para elegirla.

Mi marido me comentó sobre la entrevista que habían hecho al protagonista de la obra, en el Diario de Cádiz, la cual no tuve tiempo de leer, pero el tema iba sobre el alzheimer, algo tan conocido para mí, por mis años trabajados en un centro especializado en tal enfermedad.

Ya sentados en nuestra butaca, y hecho un breve repaso a la sipnosis de la obra en un folleto, tan solo quedaba esperar a que salieran los actores a escena.

Es fácil encariñarse con Andrés, el padre, de ochenta y tantos años y con mucho "caracter", que quiere mantener su autonomía a toda costa, sin ayuda de nadie, pero también están sus olvidos y confusiones, que a pesar de lo trágico, desencadenan momentos de risa.

Otro de los protagonistas de la obra es la hija, cuyo afán es cuidarlo, no dejarlo solo, sintiendo la desesperación ante la negativa del padre y luchando por el derecho a vivir su propia vida, en una situación que la ahoga.

La hija, el yerno, la cuidadora, la enfermera, son todos personajes que forman parte de la obra, donde las escenas se suceden, a veces confusas. Escenas que se enredan y se repiten y acabas con el mismo desconcierto que el protagonista.



Me reí y también lloré, y bastante. Era inevitable. Es un gran drama muy cercano a todos. Te identificas con el padre y con la hija pues hay momentos muy emotivos. Afortunadamente, me llevé pañuelos. Y a pesar de las lágrimas, me encantó.

Y recordé momentos vividos, porque conocí muchos padres (y madres) como Andrés, encerrados en un hogar que no era el suyo, aunque en el suyo se hubieran encontrado perdidos igualmente. Les oí contar sus recuerdos, los pocos que les quedaban. Les recordé sus nombres cuando no sabían quienes eran. Les consolé cuando me preguntaban por sus madres y se preocupaban por sus hijos. Me angustié con sus pesares.

Me hicieron reír muchas veces con sus ocurrencias, me dieron su cariño, sus consejos y sus abrazos. Siempre los traté con el máximo respeto, todo aquel que se merecían.


Para nosotros se acabó por esta temporada el teatro. Ahora habrá que esperar al mes de agosto y ver que nos ofrecen.

Ahora huele a primavera, a azahar, a incienso y a Semana Santa. Suben las temperaturas, anochece más tarde y no faltan las ganas de pasear por el parque y por nuestras playas. 

Llega la primavera, mi estación favorita, con temperaturas más altas de las que debería haber, pero aquí estaremos, disfrutando todo lo que podamos.

Lola

 
 

domingo, 5 de marzo de 2017

Se acaba el Carnaval

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Como simple espectadora del Carnaval, jamás me he disfrazado, aunque aún no pierdo la esperanza de poder hacerlo. Hubo años mejores, de salir con los niños disfrazados, de ver el Carrusel de Coros y de Cabalgatas. Ahora me conformo con ver algo por televisión, de los preliminares a la gran final del concurso del Gran Teatro Falla.

Coros, Comparsas, Chirigotas y Cuartetos, mucho arte, ingenio, humor y colorido. El Carnaval de Cádiz, es una fiesta documentada desde finales del S. XVI. Son fiestas de Cádiz por excelencia y este año coincidió un largo fin de semana unido por el puente del día de Andalucía, para disfrute de la gente.


Este año, por razones de enfermedad nada grave de un familiar, me encuentro visitando diariamente el hospital mas céntrico de Cádiz. Hospital Ntra. Sra. de la Salud. El Carnaval a mano, como quien dice. Hacía años, que no pisaba Cádiz en Carnaval, y la imagen que recuerdo viendo cómo la gente invadía los jardines y la suciedad de las calles solo forma parte del pasado. Bajar del autobús a las 10 de la mañana y pasear por sus calles limpias y recién regadas, es motivo de satisfacción. 


Huyo de las multitudes porque es increíble la cantidad de personas que acuden a celebrar el Carnaval a nuestra ciudad, ¡increible! He podido comprobarlo. De parada del autobús al hospital, del hospital a la parada de autobús, procurando no meterme en bullicios, inevitable en calles tan céntricas. Solo un día he bajado a dar una vuelta. Desde el hospital se podían oir los cantes, las risas y los aplausos de la gente. Era irresistible no arrojarte a la calle. 

Plaza del Palillero, de allí a la Plaza de las Flores y dirección a la Catedral, las chirigotas ilegales animaban al público en cualquier esquina. Se respiraba alegría, buen humor y muchas ganas de pasarlo bien. Es difícil no contargiarse. 


Se acaba el Carnaval, un año más, y sin ser muy carnavalera sé por qué viene la gente a celebrar estas fiestas: la diversion está asegurada. Tal vez el año que viene, sea el que, por fin, me disfrace, y espero recordar lo poco y bueno que disfruté este año y quiera volver a repetirlo. 

Termino con una cancioncilla popular, que dice: 

"Que bonita está mi Cádiz, que bonita es mi ciudad, que se llena de alegría, cuando llega el Carnaval"

Lola