sábado 21 de noviembre de 2009

Sentirse Libre (IV)

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Seis de la mañana. Amanece despacio. La suave luz atraviesa el cristal, recorre mi cama y de fondo el despertador. Ya en la ducha, oigo la cafetera. Siempre me gustó el olor a café recién hecho. Cierro los ojos y recuerdo mi niñez, a mi padre ...Qué lejos queda todo. El reloj me devuelve a mi realidad, se difumina de golpe mi ensueño y comienza la carrera: gente, coches, ruido, compra el periódico, preguntas al Antonio, el dependiente, ¿qué tal las cosas ...?

Sigues, atraviesas la ciudad en el bus, las mismas caras, son como de la familia, hablas con ellos, respiras su aire, pero a veces algo ocurre que te llama la atención, un gesto, una sonrisa fingida, un algo de tristeza en sus ojos y es entonces cuando en lugar de ir a lo tuyo, mirar para otro lado, preguntas, ¿qué te pasa?

Desde pequeño me ocurre. Con mis amigos, con cualquiera que se cruce, siento sus mas hondas preocupaciones, busco en el fondo de su ser a través de sus ojos. No es un don, no es magia, es fruto de años de estar callado y de observar. Sólo eso. Llegas al trabajo, las horas caen una, otra, rutina, llegas a casa ... Así día tras día. No fue desidia lo que me condujo a este remoto lugar, ni tampoco el hastío de una vida monótona, ni batallas perdidas en el amor. Sucedió algo más simple. Hace falta poca yesca para prender el fuego del desconsuelo. Ocurrió un día al levantarme. Miré por la ventana, cientos de personas deambulaban de un lado a otro, era sábado, nadie llamó para tomar café, nadie de los muchos que poblaron mi vida, nadie tocó en mi puerta, ninguno de los que alguna vez ayudé, nadie. Me contemplé en el espejo y por primera vez miré dentro de mis ojos: oscuridad y vacío. Sentí envidia de los que están solos pero que al menos se tienen así mismos. Pesaba como una losa, me iba desgarrando cada vez más. Tanto tiempo oyendo a otros y jamás ninguno preguntó ¿cómo estás, eres feliz, en qué te puedo echar una mano...?


Viajé con poco, pues nada quería de una vida que dejas. Descubrí este lugar por casualidad. Decidí mudar mis penas y olvidarlas con el olor a mar y confiar en que el viento terminara de dispersarlas.

De un tiempo a esta parte soy capaz de mirarme al espejo. Puedo ser yo sin miedos ni ataduras. Ahora soy libre.

Loli

domingo 15 de noviembre de 2009

Todos los del Barrio



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Todos sabemos, por internet, que esta semana se han cumplido 40 años de la creación del programa para niños más famoso de la historia "Barrio Sésamo", que combinaba marionetas, actores y dibujos animados, de tal forma que entrenía a los niños de forma educativa.



En España comenzó a emitirse en TVE, en 1976. Al principio, se emitía en versión doblada, pero más tarde aparecieron nuevos personajes como Espinete, Don Pimpom, Chema, Ana, Julián entre otros.

Recuerdo aquellas tardes, junto a mi hijo, que contaba con 3 ó 4 años, sentados fente al televisor, disfrutando de las aventuras de aquellos entrañables personajes, acompañadas de bonitas canciones, como "Todos los del barrio","La canción de don Pimpom", "Panadero soy", "Cuatro patas", cantadas por Espinete y sus amigos.



Quien no se acuerda de Epi y Blas, tan diferentes. Epi infantil y travieso, Blas responsable y gruñón y esos bichitos tan simpáticos que vivían en una maceta de Epi, los Nabucodonorcitos.Coco, con sus dos personajes, Supercoco y el Sherif Coco y su inseparable Jaca Paca, y su empeño en enseñar a los niños lo que era cerca y lejos.



Los Bocinillas, alegres personajes que se comunicaban haciendo sonar sus narices de colores diferentes. Todos tenian unas orejas en forma de trompetillas y unas narices en forma de pera. La Rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo. Don Música y su incapacidad en terminar canciones, donde Gustavo siempre le echaba una mano. Elmo, rojo, de ojos saltones y nariz anaranjada. Juan Olvido y su caballo Buster, que le ayudaba a solucionar los problemas donde su falta de memoria le metian. El Conde Draco, que le gustaba enseñar a contar a los niños.

Y asi, tantos y tantos adorables personajes que nos hacían pasar las tardes más felices.

Barrio Sésamo perdurará siempre en nuestra mente como el programa más didáctico y divertido de todos los que han pasado por televisión.

Loli Polo

jueves 12 de noviembre de 2009

Sin ti

Aquí os dejo una poesía de mi hijo

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Sin ti

Tras los cristales de mi soledad
caían las gotas ocultando tu recuerdo,
recordándome, aún a mi pesar,
que tu corazón se encontraba lejos.
Tu corazón nunca abrió las puertas
que me permitieran entrar,
siempre estuve cerca de ellas
sin poder pasar.
Sin ti mi vida de repente cambió,
de la noche a la mañana se oscureció.
Todo sucedió tan rápido,
que no me di cuenta de tu adiós.
Cuando tú te fuiste,
de un soplido apagaste,
la única llama de amor
que desde hace tiempo
alumbraba en mi corazón.
Mis años como poeta
hace tiempo acabaron.
Desde que me dejastes a un lado,
me dedico a narrar,
la historia de un engaño,
la historia de un amor
que nunca pudo acabar.

Enrique Pájaro Polo

viernes 6 de noviembre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes



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El lugar desde el que escribo

A mí, como a muchas otras personas, me encantaría escribir mirando al mar, percibiendo su brisa, diciéndole adiós mentalmente a esa barquilla de blancas alas que surca tranquilamente el agua, y escuchando el graznido de las gaviotas que van y vienen sobre las olas. Me gustaría, sí, pero debo ser sincera: aunque tengo el mar muy cerca, no estoy escribiendo mirando su suave vaivén. Hace un año heredé el ordenador portátil de mi hijo, y al no tener otro sitio donde ponerme, me acomodé en el salón, lugar que ya utilizaba para leer en mis tardes libres.


Desde mi saloncito no percibo el parloteo de las gaviotas, tan sólo los gritos de los chiquillos, los ladridos de los perros vecinos y el aleteo de los gorriones, pero aún así, me gusta estar aquí, con la ventana abierta, divagando, soñando, escribiendo… Cuando se trata de concentrarme en mí misma, me entusiasma esta estación del año. Anochece más temprano y tengo un poco de tiempo para mí antes de hacer la cena. Además, nadie me molesta porque, o bien están estudiando en sus cuartos, o simplemente no están.


Mi salón es amplio y luminoso. Tengo un mueble con mis libros, mis muñecas y las cajitas de porcelana. Hay, igualmente, dos mesitas con lámparas y varias fotos de mis hijos. La mesa del comedor la he adornado con un centro de flores, rosas amarillas y de color rosado. Y cerca del ventanal descansan dos cómodos sofás. He vestido las paredes con mis cuadros de paisajes, y una palmera de interior, un tronco de brasil y dos cintas, ponen la nota verde, alegrándome la estancia.


¡Cuántas tardes he pasado, tranquilamente en este lugar, frente al ordenador! Pero no vayáis a pensar que estoy sola. No, no suelo estar sola. Me acompaña mi perro, Benji, una cosita peludita y menuda que a esas horas duerme feliz en su mantita. Me gusta tenerlo ahí, cerca de mi mano, su barriguita subiendo y bajando acompasadamente. Cuando se despierta, reclama mi atención trayéndome su pelota o su gatito de peluche. Juego con él unos minutos, lo acaricio, se tumba junto a mí, da un suspiro de satisfacción y se vuelve a dormir.


Benji es un regalo hermoso que me hace compañía aquí dentro, entre estas paredes de mi salón donde se desarrolla parte de mi existencia y donde escribo sobre las experiencias vividas.


Fuera...


Fuera procuro que se quede todo lo ingrato, lo ácido, lo triste que suele traernos a nuestra playa el oleaje de la vida.


Loli Polo

miércoles 4 de noviembre de 2009

El pueblo (III)


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A cuadros se le quedó la cara al pobre hombre cuando le pedí la pintura roja y blanca necesaria : unos 200 kilos, para pintar el faro. La misma cara que se me quedó a mí cuando después de un paseo idílico por senderos sacados de un cuento, con miles de pájaros y demás fauna local, entré en el pueblo. Al principio pensé que había sido asolado por alguna catástrofe tiempo atrás, aunque después de ver la velocidad a la que cerraban las cortinas, me di cuenta de que había más vida de la que yo pensaba. Asombrado por el poco poder de comunicación de las gentes del lugar, pensé en qué código utilizarían, sin salir de casa, para estar informados de todo lo que acontecía. Me acerqué a alguien que estaba sentado en un banco de la plaza. Tras interrogarlo, y no obtener respuesta, decidí buscar la tienda por mí mismo. Más tarde, al preguntar al tendero, éste me comentó que aquel hombre era sordomudo, o por lo menos eso creían, pues en treinta años jamás había dicho una palabra. El trazado del pueblo era el habitual, una plaza central y calles más o menos amplias, callejones oscuros, a pesar de la luz, y una cosa curiosa: daba igual por dónde deambulase, siempre terminaba en la plaza. Y allí estaba la tienda, como sacada de una serie antigua, cuando los colores en el televisor eran el blanco y el negro. Hasta el martes no estaría todo el pedido. Y hasta el jueves no lo tendría en casa.
Sólo me quedaba esperar. Mientras tanto, pensé, limpiaría la linterna e incluso podría comenzar un diario, como hicieron los que aquí habían vivido tiempo atrás.
¿Por qué no?, ¿quién sabía qué podía suceder...?

Loli

lunes 2 de noviembre de 2009

Amanecer (II)



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Nunca vi amanecer como éste. La mar en calma me devolvía la sonrisa. Hoy estaba decidido a comenzar el primer día del resto de mi vida, y como tenía toda una vida por delante y mucho trabajo, ¿qué hacer...? Decidi empezar por algo sencillo, o por lo menos sencillo en apariencia: vaciar estanterias, quitar mil cachivaches, para hacerme una idea del tamaño de la empresa a la que estaba a punto de dar comienzo. No sabemos cuánto se acumula en una vida hasta que decides tirarla por la borda, y en mi caso todo lo había dejado atrás. Un día salí por la puerta... y hasta ahora. Vagabundeé mucho, conocí a mil personas y cientos de paisajes, y ahora sólo son recuerdos ya casi olvidados.Miraba las estanterias vacías. Qué fácil sería ordenarte a tí mismo, igual que se ordenan las alacenas, los cajones... Pero, bueno, aquí me hallaba, con una descomunal montaña de cosas inservibles y sin comida, de modo que tendría que bajar al pueblo, donde quiera que estuviera, e intentar no parecer un extraño.Andaba es esto cuando llamó mi atención una puerta. Al abrirla aparecieron ante mí los incontables escalones que conducían a la lámpara del faro. Subí. Por lo menos la linterna sólo tenía polvo y parecía en perfecto estado. Empujé la puerta que me permitía salir fuera. Sí, era realmente un amanecer renovador capaz de curar almas maltrechas. Solamente había visto, una vez, uno igual. Fue una noche, en unos ojos, abrazados, después de amarnos...

Loli

viernes 30 de octubre de 2009

Al Faro (I)


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Al llegar, lo primero que vi fue el andén vacío. El tren desapareció, y con él todo rastro de modernidad. En vano intenté buscar algún ser vivo. Sólo mi reflejo en la ventanilla del despacho de billetes me devolvía la mirada y, colgado de ésta, un sobre con mi nombre. Gran recibimiento. Dentro, una llave y una dirección. Dejé la estación y todo seguía igual. Nadie. Nada. Caminé un buen rato por un sendero. Un cartel maltratado por el tiempo marcaba mi ruta. Al faro, esa era toda la información. Caminé unos veinte minutos. El paisaje cambió de árida tierra a verde. Un pequeño bosque de galería dejaba paso a una senda más pedregosa, y ahí estaba, imponente, sobre roca, al borde del acantilado, acunado por la brisa del mar. Saqué la llave. La cerradura giró. Sonó a queja. En el interior todo era oscuridad. Al abrir las contraventanas, el sol me hizo partícipe de la realidad más dura: años de abandono, polvo, herrumbre…

Sí, imponente por fuera, pero por dentro…. Jamás pensé que pudiera verme reflejado en un sitio así, pero era la verdad. El faro necesitaba una buena puesta a punto, y yo también. Cerré los ojos. ¡Dios! ¡Qué sólo me sentía…!

Este fue mi primer día.
Día en el que decidí empezar de cero.

Loli