miércoles, 31 de agosto de 2011

Tomar el fresco


Hace tiempo que ya no voy a mi pueblo, Nueva Carteya. Solía ir en verano, a pasar las fiestas, y nos juntábamos con mi hermana Mari. Qué días mas felices, difrutando de mis padres, mis primos y titos. Era normal, al anochecer, ver a las vecinas sentadas en sus puertas, conversando amigablemente y refrescándose tras el calor del día.

Aún hoy, aunque son los menos, la gente a la a caida de la tarde, sale a la puerta con sus sillas a tomar el fresco. Qué costumbre mas entrañable... Recuerdo siendo pequeña que soliamos ir a a casa de mis abuelos y una de mis horas preferidas era esa, la hora de tomar el fresco, con nuestras sillas de enea, alli sentados, viendo pasar a la gente o mirando la pared de la fachada viendo como las salamanquesas se comían a los mosquitos.

Cuando mis padres se fueron a vivir a Motril, ya casada, íbamos todos lo veranos, a disfrutar de la playa, de los paseos hacia el puerto, para ver entrar a los barcos que venían de faenar, del olor a pescado, de la buena cocina de mi madre, de esas noches de conversación agradable, sentados al fresco, junto a sus vecinos.

Por eso, en este mes tan caluroso, cuando saco a mi Benji - mi perro - nos gusta sentarnos - y me consta que a él le gusta tanto como a mí - en el parque de mi barriada, a ver pasar la gente y disfrutar del fresquito de la tarde.

Loli 

martes, 30 de agosto de 2011

Viajar en un barco... grande, muy grande.

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Puerto de Oslo. Noruega

Y es que son inmensos. Unos monstruos que llevan en su interior a miles de personas, pueblos enteros. A veces he pensado en hacer un crucero, sí, pero es una de esas ideas que te pasa por la cabeza y a la que no prestas demasiada atención, sin embargo...

... Sin embargo, no dudaría en embarcarme en uno si - soñemos, que soñar es gratis - nos propusiéramos, Lola, Leonor, marcharnos a dar una vuelta, por ejemplo, por las islas griegas, disfrutando del mar y de la tierra, y de todo lo que ello nos ofreciera. No me digáis que no sería un viaje excelente...

No sé qué hay en el interior de esos gigantes que más que barcos son hoteles flotantes, pero parece como si con sus moles impresionantes, deslizándose graciosamente sobre las aguas, nos estuvieran diciendo... vamos, venid, que la diversión está asegurada...

No creo que llegue a contratar nunca un crucero, pero quién sabe si algún día emprendo un viaje, como Phileas Fogg,  para recorrer el mundo en algo más de 80 días...  

¿Alguien se anima y se viene conmigo?

Mari Carmen

lunes, 29 de agosto de 2011

Los que nos queda de agosto


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Poco queda ya de agosto. Si acaso ese calor pegajoso que no termina que marcharse del todo, y que aún se quedará pegado a nuestra piel durante al una quincena más. O menos.

Sí, porque aunque haya algún día nublado, lo normal es que el calor aún nos ronde por algún tiempo más, haciendo que lo aborrezcamos incluso aquellas personas - como yo - que no se sienten demasiado a disgusto con él. Como siempre, agosto se está pasando en un suspiro, y se ha llevado con él, entre otras cosas, 3 de mis kilos que, ¡ostras! me estoy dando cuenta de que es una excelente noticia, porque a ver... hoy han dicho en la tele que la gente vuelve de vacaciones con 4 kilos de más, pero yo he vuelto con casi 3 kilos menos y ahora peso 56, lo cual está bien, pero que muy rebien. De todas maneras, mi problema nunca ha sido tener peso de más, sino más bien de menos. Así no tendré que desfondarme haciendo ejercicio, sino que podré seguir con mis paseos diarios que me tonifican y me relajan. Y algo importante: podré comer algún que otro dulce, sin temor a la báscula.

En agosto, pues, he conseguido celebrar un cumpleaños más, realizar un viaje para recordar, volver con muchas energías, meterme en una reforma de cuarto de baño, y tener en mente un montón de nuevos objetivos para completar a lo largo del año.

Y perder, lo que se dice perder, he perdido... pues casi 3 kilos. 

Mari Carmen

sábado, 27 de agosto de 2011

Que baile, que baile el agua

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Me gusta cómo baila el agua. Me ha gustado desde siempre. Recuerdo cuando su danza se ejecutaba en la playa de La Bermeja, en Fuentebravía, Cádiz. Aquella playa de arena fina con un pequeño acantilado de rocas sobre las que saltábamos cuando bajaba la marea, buscando los tesoros que en ella se ocultaban. El agua se adornaba de espuma y jugaba con nosotros, bailaba con nosotros, tratando de llamar nuestra atención. Ya ves, como si no le prestáramos ya la suficiente...

El agua baila, siempre baila, ¿os habéis dado cuenta? Baila mientras lame los bordes de la ribera - y en su fluir hace que con ella dancen hierbas y algas -, lo sigue haciendo cuando se desliza desde la copa de los árboles hasta las raíces, al son que le marcan las nubes y la tormenta, acompañándose del repiqueteo de castañuelas que le ofrendan las ramas y las hojas. El agua se mueve, baila, apasionadamente, con vestido de volantes, o con desmayo, si se trata de seducir a la tierra que la espera, mansa y callada.

El agua baila, y lo hace en nuestras manos, en nuestra lengua, en nuestro paladar. El agua tiene sus propios ritmos, ese leve tamborileo, ese consquilleo, que recorre nuestra piel agradecida por la leve caricia que nos aporta tanto bienestar. Y nosotros, que también somos agua, bailamos con ella, como no podía ser de otra manera, desde el principio hasta el final.

Y es que el agua está bailando, bailando sin cesar.  

Mari Carmen 

miércoles, 24 de agosto de 2011

De reformas en casa


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Voy a hacer reformas en mi cuarto de baño. Voy a unificar dos en uno, así habrá, en lugar de dos baños no demasiado grandes, un baño tal como a mí me gusta: amplio, luminoso y bellamente decorado. Eso implica que este sábado comienzan a picar, tirar, taladrar, hacer ruido y mucho polvo, ¡Dios mío!, con lo mal que llevo yo eso de la reformas y del polvo por toda la casa, porque así será, por toda la casa, ya que el baño que se va a reformar está en el primer piso. Además, esta historía durará todo el mes de septiembre, es decir, todos los fines de semana de septiembre, hasta que el tal baño esté acabado, pues el albañil que hará la obra, un profesional excelente, sólo puede hacerlo durante sábados y domingos.

No importa. ¡Qué le vamos a hacer! Lo importante es que me quedará un baño de tarta de chocolate y moka ribeteado de vainilla y muchas flores de fresa que irán de arriba abajo en un lateral del baño. Y una ducha estupenda, un gran espejo para mirarme de frente y de perfil, y un mueble de color miel para que yo pueda organizar todos mis productos de belleza, mis perfumes, mis jabones, en fin... todos mis cachivaches. 

No puedo esperar a que llegue octubre. Estoy ya loca porque empiece el otoño y mi baño esté reluciente y perfumado, todo en él ordenado, y listo para usar. 

Pero hasta que llegue ese octubre tan deseado, tendré que aguantar los ruidos, los inconvenientes, el polvo... 

Tan sólo, pues, me queda armarme de paciencia y... esperar.

Mari Carmen

lunes, 22 de agosto de 2011

Volver a empezar

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De repente me han dado ganas de cortar una rebanada gruesa de pan, de ese pan esponjoso, blanco - o moreno, me da igual - y dulce, recubierto de su corteza tostada, crujiente, salpicada de pipas de calabaza, de girasol, de semillas de sésamo... 

Cortar el pan y recubrirlo de una espesa capa de...  ¿mantequilla?, sí, podría ser, pero también con queso de cabra fundido, o de crema de chocolate y salpicado con bolitas de azúcar de colores, como hacen los holandeses - y como he hecho yo misma, cuando he estado por Amsterdam. O quizá, simplemente, con una hermosa capa de miel.

Qué delicia el pan tierno, ¿verdad? Yo compro panecillos de sabores variados, y los disfruto en los desayunos de los fines de semana. Otra cosa que disfruto es el pan hecho en casa. Y es que tengo una máquina de hacer pan. 

Se puede hacer natural o con tropezones: pasas, nueces, avellanas, pipas... O todo a la vez. Tan sólo hay que mezclar los ingredientes, añadirlos a la máquina y esperar tres horas. La casa se llena de un aroma que hace que una se anticipe al festín que se dará después. Tras ese tiempo, un magnífico pan de molde esperará a enfriarse en la encimera de mi cocina. 

El pan es una bedición de los dioses, sí, y sobre el pan estoy leyendo un libro estupendo. Se llama: Volver a Empezar, de Judi Hendricks. Lo tomé prestado de la biblioteca municipal, y estoy disfrutando su lectura desde el primer párrafo. Una mujer, que ama hacer pan, va desgranando sus aventuras y desventuras, mientras nos llena las fosas nasales de la mente con ese olor cálido, casero, apetitoso, que es el pan amasado a mano, horneado y degustado con un vaso de leche o de café. 

Una verdadera delicia de libro para todas aquellas mujeres a las que les guste cocinar su propio pan. 

O, sencillamente, cocinar.

Mari Carmen

sábado, 20 de agosto de 2011

Agosto y yo

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Isla de Marstrand. Suecia

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver... ¿por qué demonios tiene que hacer tanto calor? Una está deseando de que llegue el verano, sí, pero para poder lucir la piel y esos modelitos tan monos que te has comprado, ya sea en Zara o en El Corte Inglés, no para sentirte como un surtidor. Verdad que en verano da gusto poder ir medio desnuda sin tener que ir cargada de abrigos, jerseys ni medias; la colada se hace en un pis pas y se seca antes de acabar de colgar el último trapo; el día es laaaaaargo, laaaaaargo, y da tiempo a hacer todo lo que quieres e incluso lo que no. Entonces... ¿por qué narices no se le puede sacar todo el partido que una quiere a este bendito mes de agosto? Porque ya me dirán quién tiene arrestos para irse a la calle con 40º a la sombra, que si algo me gustaba de Noruega y Suecia, en estas mis vacaciones pasadas allí, es que te podías quedar todo el día en la calle pues si de algo te morías no era de calor, precisamente.

Y puestos a pensar, no sólo en una, sino en los demás, ¿a quién se le habrá ocurrido que el Papa tenía que venir a Madrid en pleno agosto? Desde luego, al que haya sido está claro que no quiere ni lo más mínimo a estos corderos que deambulan, asfixiados, medio muertos de deshidratación, de un lado para otro, por un Madrid infernal.

Pues a lo que iba, que tanta temperatura es un incordio porque si sales, malo, ya que te puedes morir de un golpe de calorina, y si no sales, pues peor porque se te pasan las vacaciones metida entre cuatro paredes.

Yo quiero vivir en un lugar donde el verano sea verano, pero con moderación, es decir,  ¡yo quiero vivir en Estocolmo!

El consejo del día:

Para hacer una mascarilla exfoliante que os dure todo el año, se puede recoger un botecito de arena de playa. Hay que mezclar 2 pastillas de jabón de glicerina con un vaso de agua y calentarlo a fuego lento hasta formar una pasta. Luego, añadir una cucharada de aceite de oliva y otra de arena. Se remezcla de nuevo y, cuando se enfríe, formar pequeñas bolitas que se pueden guardar y utilizar cuando se necesiten. La piel quedará tersa.

Mari Carmen

viernes, 19 de agosto de 2011

Las cosas sencillas de la vida

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Una lo sabe, porque lo ha vivido año tras año, que cuando se vuelve de vacaciones hay que estar, al menos tres días, organizando cosas... Que si la lavadora, la plancha, las compras... La jornada se va en un abrir y cerrar de ojos, pero como una viene renovada y con ganas de casa, todo lo da por bien empleado.

Estar de vacaciones también ayuda. Es por eso que hoy, por ejemplo, me he dedicado a algo sencillo, pero gratificante: nos hemos ido a IKEA, y de paso a Alcampo, para hacer la compra semanal. En IKEA hemos paseado entre muebles y cacharros. Al final, he comprado un bote de cristal para mis tenedores de madera, y unas planchas de cartón de colores, para formar un par de cajas que me servirán para poner mis telas lindas.

Pensábamos quedarnos a comer allí, en IKEA, pero hemos decidido que lo mejor era tomarnos algo a media mañana, hacer la compra y volver a casa. Y así ha sido. A las 12 nos hemos tomado un trozo de tarta, y un té, que me ha sabido a gloria. Después... las compras, y por último a casita, a preparar un pollo al ajillo y una ensalada maravillosa, terminando con una sandía que ha sido refrescante, tanto como si te tomaras un inmenso vaso de agua azucarada.

Y es que esto, para mí, son cosas sencillas, pero encantadoras que me hacen sentir muy bien.

El resto de la tarde... un poco lectura, un baño de pies con sales de olor, y ver algo la tele. 

The simple life...

Mari Carmen