Hace tiempo que ya no voy a mi pueblo, Nueva Carteya. Solía ir en verano, a pasar las fiestas, y nos juntábamos con mi hermana Mari. Qué días mas felices, difrutando de mis padres, mis primos y titos. Era normal, al anochecer, ver a las vecinas sentadas en sus puertas, conversando amigablemente y refrescándose tras el calor del día.
Aún hoy, aunque son los menos, la gente a la a caida de la tarde, sale a la puerta con sus sillas a tomar el fresco. Qué costumbre mas entrañable... Recuerdo siendo pequeña que soliamos ir a a casa de mis abuelos y una de mis horas preferidas era esa, la hora de tomar el fresco, con nuestras sillas de enea, alli sentados, viendo pasar a la gente o mirando la pared de la fachada viendo como las salamanquesas se comían a los mosquitos.
Cuando mis padres se fueron a vivir a Motril, ya casada, íbamos todos lo veranos, a disfrutar de la playa, de los paseos hacia el puerto, para ver entrar a los barcos que venían de faenar, del olor a pescado, de la buena cocina de mi madre, de esas noches de conversación agradable, sentados al fresco, junto a sus vecinos.
Por eso, en este mes tan caluroso, cuando saco a mi Benji - mi perro - nos gusta sentarnos - y me consta que a él le gusta tanto como a mí - en el parque de mi barriada, a ver pasar la gente y disfrutar del fresquito de la tarde.
Loli







