martes, 10 de mayo de 2011

El Mar

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El mar... Ese mar azul, vivo, fragante, confidente, suave, denso, vaporoso, amable, hosco, fuerte, tirano, cuna de dioses divinos y humanos, mimado, cubierto, acariciado por los frágiles dedos de un cielo blanco. Mar en mil palabras anhelado. Mar que se navega sin principio ni fin. Mar amado. Mar eterno. Mar odiado. Mar luminoso. Mar en tantas noches deseado.

¿O quizá sea todo lo contrario? Acaso el mar no sea azul sino blanco, blanco, tan blanco como nieve o como el raso que tapiza el cofre donde guardamos los pequeños milagros cotidianos, los recuerdos de la niñez con sus paisajes difuminados, los olores que nos transportan a esos otros mundos que nunca más hemos transitado, y el cielo... tan sólo una gasa pintada de gris azulado donde se posan gaviotas, donde las nubes son barcos. Y las estrellas... redes estremecidas de peces plateados.

¿Qué tiene el mar, ese mar, blanco, azul, gris, verde o rosado, que quien ha sido ungido con su aroma, nunca más puede olvidarlo?

Mari Carmen

lunes, 9 de mayo de 2011

Dulce Chocolate

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Llovió, tal como se esperaba, y conforme ha avanzado el día las nubes se han vuelto más espesas, más oscuras, dejando a la tarde pensativa, un poco ausente. Momentos ideales para tomar un trozo de tarta, para escuchar música, para ver alguna película de Jane Austen, por ejemplo, con sus paisajes neblinosos, sus vestidos de seda y satén, y sus salones cálidos, dorados por la luz de los candelabros.

Entre sorbo y sorbo del chocolate - con su aroma tan familiar, tranquilizante, de tantos días invernales acumulados en la piel de la memoria... - grata pereza es lo que me embarga. Miro hacia el paisaje que se ve desde mi ventana, árboles pequeños que aún tienen que crecer. Algún día todo esto, espero, será un bosque. Es un decir, claro, porque un bosque no está rodeado de bloques de pisos, pero mejor esto - un respiro, un minúsuculo oasis entre el asfalto -, me digo, que la desolación que implica más ladrillo, más cemento y más carreteras.
Esta tarde es ideal para las confidencias, para la ensoñación. La penumbra me envuelve, protegiéndome. No voy a encender la luz. Para qué. Mejor así. El dulce sabe más dulce y la palabra fluye mansa, despreocupada, como el agua de ese río al que le es indiferente su camino.

Los nubarrones, ennegrecidos, marchan hacia el oeste, como un ejército en formación de combate. Y a mi me gusta que sea así. Me gusta saber que lloverá, que estoy disfrutando de unas horas de tranquilidad endulzadas con cacao. En estos momentos el mundo y sus miserias queda tan lejos, tan lejos, que es como si no existieran.
Debería haber muchas más tardes como esta, tardes suaves de nubes y chocolate.
Tardes lluviosas de serena felicidad.


Mari Carmen

miércoles, 4 de mayo de 2011

La Luz de la Primavera


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Miro a mi alrededor y me siento ebria de color. Canto, río, me desbordo, tan grande es el placer. ¿Qué sería de nosotros en un mundo tan sólo pespunteado de gris, sin posibilidad de trazar pinceladas de rojo, amarillo o azul? En mis sueños, en mis delirios, el color me invade, me inunda, es un océano por el que navego sin miedo a quedar cubierta por sus olas de luz. Arcos iris grabados en mis retinas llevo, y todo el verde de la pradera se escurre entre mis dedos, como si fuera arena. Los necesito, los amo, los vivo. Una eclosión de matices para deleite de mis sentidos, y cada rosa, cada lirio, cada azucena, tiene impresa en sus pétalos la risa coloreada que tanto se espera.


Y ya lo es.
Ya estamos en ella.
Es primavera.


Mari Carmen Polo