
Manchas de tinta en los pupitres.
En los dedos.
Y en los baberos.
Horas de silencio frente a la ventana de un invierno que rugía entre las ramas de aquellos árboles donde anidaba el viento. Viendo esa fotografía, me vienen a la mente tantos buenos momentos...
Niños aplicados, niños serios. Aprendiendo a restar los infortunios, a multiplicar las risas, a dividir el pan y el juego, a sumar el futuro. Tiempo que siempre recordaremos al mirar un mapa colgado en la pared - los ríos, las montañas, las comarcas, las ciudades, Cuenca, Barcelona, Teruel...
Lluvia, nieve, calor, recreos, patios y paseo, las niñas aquí, los niños al otro lado con sus propios juegos, risitas, cuchicheos, creciendo sin querer crecer, termina el almuerzo, date prisa que llegas tarde a la escuela, que ya son las tres...
Escuela de vida y placer.
Ser niño.
Ser niña, otra vez.
Si se pudiera volver...
Mari Carmen


