miércoles, 5 de enero de 2011

Castaños de Invierno


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Solitarios, en medio de la nada, los castaños tiritaban, ateridos. Sus últimas hojas yacían, ocultas y podridas, bajo una espesa capa de hielo. Hacía días que la nieve los cubría con su manto blanco, helando su corazón y sus raíces. El viento se ensañaba con sus ramas oscuras, sacudiéndolos, queriendo partirlos por la mitad, eliminarlos de aquel paisaje desolado. Los pájaros habían emigrado hacía tiempo, arrebatándoles el placer de un alegre despertar con su multicolor sinfonía. Ni siquiera la aurora tenía misericordia con ellos pues aparecía, jornada tras jornada, vestida de un gris tan sucio que hacía daño a la vista. Invierno, dueño y señor de la llanura, tan sólo les ofrecía un horizonte de angustia, tristeza y ventisca. Sólo las nubes les hacían compañía, enredándose en sus copas, cantándoles su canción de lluvia y desconsuelo, quizá alentándoles en su melancolía, animándoles a imaginar amaneceres más llevaderos, plenos de luz y armonía, pero ellos, para ser sinceros, más que soñar preferían algún que otro rayo de sol que les ayudara a calentar un poco, si quiera un poco, sus troncos húmedos, negruzcos, y mitigar así su muerte lenta, su invernal agonía...

Mari Carmen

3 comentarios:

  1. hermoso homenaje a un àrbol que sin necesidad de cuidados especiales, nos regala un fruto maravilloso...las castañas

    ¿habrà algo mas rico que unas castañas tostadas en èpocas de frìo?

    no lo creo

    abrazos

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  2. ESPLENDIDO ESCRITO. ME GUSTA.
    UN ABRAZO

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  3. Gracias, Adelfa. Es cierto, las castañas están buenísimas tostadas y bien calentitas. Espero que que estas fiestas estén siendo espléndidas para ti.

    Igualmente te deseo a ti Reltih, que este nuevo año se porte muy bien contigo.

    Felices Reyes!

    Abrazos

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