viernes, 30 de octubre de 2009

Al Faro (I)


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Al llegar, lo primero que vi fue el andén vacío. El tren desapareció, y con él todo rastro de modernidad. En vano intenté buscar algún ser vivo. Sólo mi reflejo en la ventanilla del despacho de billetes me devolvía la mirada y, colgado de ésta, un sobre con mi nombre. Gran recibimiento. Dentro, una llave y una dirección. Dejé la estación y todo seguía igual. Nadie. Nada. Caminé un buen rato por un sendero. Un cartel maltratado por el tiempo marcaba mi ruta. Al faro, esa era toda la información. Caminé unos veinte minutos. El paisaje cambió de árida tierra a verde. Un pequeño bosque de galería dejaba paso a una senda más pedregosa, y ahí estaba, imponente, sobre roca, al borde del acantilado, acunado por la brisa del mar. Saqué la llave. La cerradura giró. Sonó a queja. En el interior todo era oscuridad. Al abrir las contraventanas, el sol me hizo partícipe de la realidad más dura: años de abandono, polvo, herrumbre…

Sí, imponente por fuera, pero por dentro…. Jamás pensé que pudiera verme reflejado en un sitio así, pero era la verdad. El faro necesitaba una buena puesta a punto, y yo también. Cerré los ojos. ¡Dios! ¡Qué sólo me sentía…!

Este fue mi primer día.
Día en el que decidí empezar de cero.

Loli

miércoles, 28 de octubre de 2009

Besos y Caricias

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Nunca conté la edad por horas, días, años... Preferí contar por besos y caricias. Besos que duraban dos segundos o un año, caricias eternas, placeres rápidos, como el rayo. O que igual duraban meses. Nunca conté el tiempo, la edad, basándome en un reloj, porque descubrir recovecos en la piel de quien se ama, encallar en su piel haciéndola estremecer, o buscar estrellas y constelaciones uniendo con tus dedos, con tu lengua lunares pequeños y beber una y otra vez de su manantial, dando todo lo que te pida, para eso no hay tiempo, ni edad, cuando se está vivo. Sólo importa hacer feliz a quien te contesta cuando le dices te quiero.

Loli.

jueves, 22 de octubre de 2009