
Te oigo a través del teléfono.
Tu voz me llega clara, y ríe.
Y sé que todo está bien.
Tu voz, que no cambia,
que no se arruga.
Y te veo con tu vestido de flores
azules y amarillas,
junto a las olas,
el pelo alborotado
y los ojos llenos de luz.
Estás ahí, a mi lado,
porque siempre lo has estado.
Con tu voz que me acunó
cuando aún no era,
y cuando fui.
Y aún me acuna,
con su risa.
Me hace estar tranquila.
Me da seguridad.
Porque si siento que tu voz ríe,
es que existe la armonía,
y sé que todo está bien,
mamá.
Tu voz me llega clara, y ríe.
Y sé que todo está bien.
Tu voz, que no cambia,
que no se arruga.
Y te veo con tu vestido de flores
azules y amarillas,
junto a las olas,
el pelo alborotado
y los ojos llenos de luz.
Estás ahí, a mi lado,
porque siempre lo has estado.
Con tu voz que me acunó
cuando aún no era,
y cuando fui.
Y aún me acuna,
con su risa.
Me hace estar tranquila.
Me da seguridad.
Porque si siento que tu voz ríe,
es que existe la armonía,
y sé que todo está bien,
mamá.
Mari Carmen

