domingo, 25 de diciembre de 2011

Porque pronto volveré...


****


Playa de la Victoria. Mar de la mañana en calma. Olas breves adornadas de encaje blanco que besan la arena fina. Ni una leve brisa que enmarañe el pelo, y en el horizonte quince… quizá veinte barquitas blancas, quietas, reposando sobre el azul intenso, semejando gaviotas ociosas que miran a la costa o hacia un horizonte eterno. Y también palmeras recortándose contra el cielo. Y buganvillas rojas, malvas… Marea baja y flamencos rebuscando en la charca salada. Efluvios de serenidad que atraviesan la epidermis y llegan hasta los huesos, rellenándolos de paz y alegría.

Y después… dunas, y chumberas, y el Puerto de Gallineras. Sol que besa el rostro sin pudor. Sol que anida en mis manos y en mis ojos; susurro de agua y sal que baña las rocas en suave vaivén, como una letanía antigua grabada en el corazón: el de la piedra; el mío. En el pequeño puerto, pescadores mudos mirando el corcho anaranjado que flota sobre ese espejo esmeralda bajo el que nadan peces de plata. Y el corcho sube y baja, sube y baja, pero no hay pescado al otro lado del hilo. Son listos. Parecen decir: me como el gusano, pero tú no me vas a comer a mí.

Plenitud. 
Felicidad. 
Dicha de estar ahí, viva, sintiendo. Sintiendo la vida que me rodea, bajo ese cielo intenso, con tanto azul, arriba y abajo, y tanta belleza clavada en mi retina.

Y otro hermoso momento para guardar en el cofre de mis sueños: anochecer en la bahía de Cádiz. Luces de mi infancia centelleando en la costa de mi memoria: las de entonces, las de ahora. Como un calco donde cada punto brillante encaja sin que sobre ni falte nada. Mar de mi recuerdo; aire que nutre mis pensamientos. Bahía de Cádiz. Para mí, intacta a través del tiempo. 

Mari Carmen



7 comentarios:

  1. Hola, Maria Carmen.

    Solo el que disfruta admirando el mar puede entender los sentimientos que despiertan tus letras. Descubrí esa bahía de Cádiz en el 2007, y ya he regresado en tres ocasiones a esa bendita tierra. La Caleta me impresionó...

    Ha sido un placer leerte.

    Un abrazo.

    Maat

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Maat. Lo cierto es que ya estoy deseando de tomar el tren y bajar al sur. Tengo tan buenos recuerdos de los días pasados allí...

    Un abrazo y felices fiestas.

    ResponderEliminar
  3. Muchas veces no sabemos apreciar el lugar donde vivimos. Yo solía decir que era más de campo, por Carteya, que de mar, aún sabiendo que por parte de familia tenemos mitad y mitad. Cada vez me gusta más el mar, me siento afortunada de vivir en este paraiso que es Cádiz y por el tiempo que llevo aquí me considero isleña y gaditana.

    También yo tengo ganas de que vengas

    Un beso

    Lola

    ResponderEliminar
  4. Pues sí, Lola, nosotras somos mitad y mitad, y a mi me gusta tanto la campiña como el mar. Es imposible elegir entre Carteya o Motril, por eso me quedo con los dos y, por supuesto, con nuestro año inolvidable de La Bermeja, en Cádiz.

    Un abrazo, guapa.

    ResponderEliminar
  5. Uno ha nacido junto a la mar, así que se piede todo atisbo de imparcialidad. Por eso, cuando estoy varios días fuera, y si ha sido tierra adentro, cuando vuelve por ese puente Carranza y ve esa bahía esplendorosa, se le sigue encogiendo el alma de alegría.
    Un beso para las dos.

    ResponderEliminar
  6. Así debe ser, Carlos. El alma se ensancha sólo con respirar el aire salado de la bahía, ¿verdad?

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. el mar.La mar.
    El mar.!solo la mar!
    ¿porque me trajiste ,padre,a la ciudad?
    ¿porque me desenterraste del mar?
    En sueños ,la marejada
    me tira del corazon.
    Se lo quisiera llevar
    ¿Padre porque me trajiste aca?
    asi lo escribia alberti,la verdad esque la bahia hay que verla de noche ,cuando el viento esta calmo y el agua parece un espejo .ese momento es magico y se queda pegado ati para toda la vida, un saludo

    ResponderEliminar