viernes, 10 de diciembre de 2010

El Árbol de Navidad


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Apenas media docena de frágiles bolas de cristal - rojas, verdes, doradas... -, algo de espumillón plateado, unos recortables salidos de no sé dónde, y el árbol, un pino pequeño y rechoncho, que nuestro padre cortó de un pinar vecino y nosotros colocamos en una esquina del comedor. Unas piñas abiertas sobre el suelo, el aroma fresco de la resina que se mezclaba con el olor del océano, y unos villancicos cantados hasta la extenuación, a golpe de zambomba y pandereta. Sin olvidar los polvorones con los que nos atragantábamos, ¿o era por las risas y la felicidad que nos embargaba? No lo sé. Sólo sé que aquella fue, realmente, una hermosa Navidad, todos reunidos, bajo las estrellas, junto al mar...

Mari Carmen Polo

1 comentario:

  1. Loli, guapa, estoy recordando aquellos días de nuestra niñez, y lo estoy plasmando, aunque sea de refilón aquí, en tu blog. Espero que no te importe. Es una manera de no tenerlo abandonadito.

    Un beso.

    Mari

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