miércoles, 10 de febrero de 2010

El Acantilado (V)

*******


Poco a poco se va levantando la bruma, se posa suave sobre la hierba, haciendo aparecer sobre la piedra una fina capa de rocío. Todo está en silencio. Calma. Es mi hora preferida. Me abrigo y camino despacio mirándolo todo. Ya sé por qué escogí este lugar.

Enfilo el acantilado, me paro a observar los dibujos de la mar en la orilla. La niebla se condensa al fondo del acantilado, como si ocultara algo en su interior. Descubro peldaños labrados en la roca que descienden ocultos, nunca los habia visto. Decido bajarlos, comienzo a contar... uno, dos, tres... Conforme desciendo, el frío se hace sólido, duro, pierdo mis pies de vista... treinta, cuarenta... Mi vista no abarca demasiado pero puedo intuir que discurre pegado a la fria piedra... setenta, ochenta... Parece que descendiera al mismo averno. La cima del acantilado es solo un recuerdo.

Cuánto me recuerda el descenso a mí mismo. Cuántas veces bajé hasta el centro de mí mismo, serpenteando igual que esta escalera... doscientos, doscientos cincuenta... Aparecen vestigios de arenisca. Plantas enraizadas parecen que sujetan la masa rocosa con sus raíces menudas, al igual que tu bagaje se une a ti con diminutos lazos... trescientos, trencientos sesenta...Noto cómo la huella de los peldaños se hace mas larga. La bruma se aclara un poco ante mí...trescientos sesenta y cinco... Los escalones se han acabado.



Con dificultad, lentamente, apenas sin saber el destino de este camino, parece que he recorrido un año de mi vida, día a día, paso a paso. La arena esta fría y húmeda, respiro hondo, lleno mis pulmones de mar y de sal, eso me reconforta. Dirijo la mirada a una cabaña pequeña, abro la puerta, en su interior ... artes de pesca, mil cachivaches y una barca. Me digo ¿por qué no?, pasará un rato hasta que logre que su quilla toque el agua, aparejeo los remos y me lanze a la aventura. A cada golpe de agua que avanzo, el mar, calma me da la bienvenida. Entonces hago algo atrevido, loco... me lanzo al mar. Ella me abraza ,me arropa dándome calor. Fue extraño. Ya en la barca, empapado y helado hasta los huesos, encuentro la paz. Fue como si aquella barca fuera la de Caronte y una vez pagada mi deuda éste me devolviera el alma.

Comienzo de nuevo la subida. El pasado queda varado en la playa para siempre, junto aquella barca. Cada paso que doy me acerca mas al sol que va asomando tímido, calentando mi cuerpo, llenándolo de luz, desterrando las sombras y los fantasmas.

Me sentí vivo, nuevo. Creo que fue la primera vez que dibuje una sonrisa sincera. Fue la primera vez que me sentí parte de este mundo.

Loli

3 comentarios:

  1. Un escrito muy intimista, como todos los relacionados con este tema. Me gusta :)

    Un beso, guapa.

    ResponderEliminar
  2. ...que bonito te quedó. Me gusta leerte pues das inspiración por tus bellas palabras. Haces que tu ternura en tus escritos penetre en mis sentidos y me vaya cargadito de dulzura para transmitir en CUARENTA SUEÑOS toda la sensibilidad que percibo. Eres un encanto prima. besos.

    ResponderEliminar
  3. SEÑORA !!, SURCANDO VEREDAS Y MUNDOS DESCONOCIDOS HE HAYADO ESTE MAR QUE ME HA CONNOVIDO EL ALMA. SU ESPACIO ES UN HOGAR DE BELLOS SENTIMIENTOS Y DULCES RECUERDOS. SUS PALABRAS EMOCIONAN A ESTE RUDO CABALLERO QUE LE HACE ENTERNECER POR LA SUTILEZA QUE DEMUESTRA EN SUS ENTRADAS. GRANDES DESTELLOS DE AMOR DESPRENDE SU MAR... SIEMPRE QUE ME LO PERMITA QUISIERA PASEAR POR SU PLAYA SERENA. SU DELICADEZA Y SU AROMA ES GRATO PARA MI PERSONA. SEÑORA !!, A SUS PIES QUEDO... ES UN HONOR SEGUIRLA.

    ResponderEliminar