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Fue tan sólo un resplandor, un débil titilar de estrella que nunca llegaría a brillar en el firmamento, un suspiro que se marchitó antes de ser exhalado, una sombra que se desvaneció por las esquinas donde apenas alumbraban las farolas adormecidas bajo un suave manto de niebla invernal. Fue un puro azar, un extraño relámpago que cruzó sobre las torres de la ciudad aquella noche de hielo, cegándole por un instante, instándole a correr para atraparlo y depositarlo en el altar de su anhelo. Fue un encuentro tan fugaz que pensó que no fue real, tan sólo un guiño inesperado que algún ángel juguetón le hacía desde el cielo.
Marí Carmen Polo